Venezolanos viven “A la voluntad de Dios” ante alza alza del dólar y congelamiento salarial


***El salario mínimo de 130 bolívares equivale a menos de un cuarto de dólar, cubriendo apenas el 0,03% de la Canasta Alimentaria Familiar***


Yhonny Rodríguez | CNP 25.976

Caracas, Venezuela. – En una carrera asimétrica y devastadora donde la meta se mueve cada mañana, la ciudadanía venezolana enfrenta una de las presiones económicas más asfixiantes de los últimos años. El incremento diario en la cotización de la divisa tanto en el mercado oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) como en el paralelo mantiene bajo constante asedio el poder adquisitivo de la población. Con aumentos Inter diarios agresivos, los ingresos de las familias se desintegran frente a las vitrinas, obligando a millones de trabajadores a sobrevivir bajo un esquema de improvisación extrema y, en palabras de los propios afectados, «a la pura voluntad de Dios».

Anatomía de la crisis: El sistema inflacionario paso a paso

La dinámica económica actual responde a un ciclo vicioso estructural donde la devaluación del bolívar dicta el ritmo de la vida cotidiana. Los comercios y proveedores de servicios ajustan sus precios en tiempo real para no perder su valor de reposición, generando una indexación informal inmediata. Este fenómeno se traduce en una inflación en dólares que encarece los productos básicos. De esta manera, el sistema inflacionario opera vaciando las cuentas del ciudadano común, ya que los precios flotan libremente al compás cambiario mientras el dinero real se mantiene estancado.

La brecha del ingreso: 130 bolívares frente a la realidad cambiaria

La paradoja más severa del modelo económico nacional radica en la política salarial. Desde marzo de 2022, el salario mínimo base legal en Venezuela permanece inalterable en 130 bolívares mensuales. Con la cotización oficial del dólar superando con creces la barrera de las tres cifras, este sueldo base representa una cifra simbólica (inferior a un cuarto de dólar) que anula el impacto real de las prestaciones sociales, las vacaciones y los fondos de jubilación.

Ante este panorama, la población se pregunta: ¿Qué se puede comprar con 130 bolívares? ¿Cómo es posible alimentarse, mantener a un grupo familiar y cubrir los servicios públicos esenciales con este ingreso?

Si bien el Ejecutivo Nacional implementó el esquema del «Ingreso Mínimo Integral Indexado» (elevado mediante asignaciones como el Bono de Guerra Económica y Cestaticket a un equivalente teórico de 240 dólares), la medida es insuficiente. El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) reporta que la Canasta Alimentaria Familiar ya supera la línea de los 772 dólares mensuales (rozando los 785 dólares al incluir servicios básicos como el agua potable). Este desfase demuestra que incluso el ingreso integral bonificado cubre menos de la mitad de las necesidades nutricionales básicas de un hogar.

Llamado urgente a los entes del Estado: Pónganse del lado del pueblo

A través de este espacio, se eleva un exhorto firme y reflexivo al Gobierno Nacional, al Ministerio de Economía y Finanzas y a las autoridades del Banco Central de Venezuela. Gobernar exige mirar de frente la realidad de los hogares venezolanos, cuyas mesas carecen hoy de lo indispensable. No es sostenible sostener un país donde el costo de la vida sube a diario mientras los ingresos de los trabajadores siguen petrificados.

Es una obligación moral y constitucional de los entes públicos intervenir de forma decidida y aplicar políticas económicas estructurales que detengan de inmediato la devaluación diaria. El clamor popular exige estabilizar la moneda nacional y frenar el avance del dólar al 100%. Es imperativo abandonar las medidas provisionales de bonificación y rescatar el valor real del trabajo. Solicitamos que se pongan del lado de los maestros, de los jubilados, de los trabajadores de la salud y de cada ciudadano que sale a la calle con la incertidumbre de no saber si lo ganado hoy alcanzará para el pan de mañana. La estabilidad económica es un derecho; la dignidad del pueblo no puede seguir postergándose.

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