Por: Yanitza Martínez

Periodista, activista político, defensora de los DDHH y miembro de la Red de Mujeres Acción Femenina.
Twitter: @Yanitzamartnez
Tik Tok: @ladamadeacero
Hablar hoy de la vida de los habitantes del municipio Heres ahora Angostura del Orinoco es hablar de una resistencia silenciosa que se mide a diario en gotas. Para nadie es un secreto, que a cuentagotas llega el agua potable a nuestros hogares, luego de días y semanas de secas tuberías que contrasta irónicamente con la inmensidad del majestuoso Río Orinoco que rodea nuestra tierra guayanesa. A cuentagotas llega la electricidad, con los prolongados bajones de luz (mal llamados racionamientos eléctricos), cuando no lo son, interrumpiendo y perturbando la dinámica de nuestras familias y los diversos comercios, y marchitando la calidad de vida que nos merecemos. Y a cuentagotas, lamentablemente, se ha pretendido administrar la dignidad de un pueblo trabajador que merece mucho más que sobrevivir, ¡no es justo esta cualidad de vida, necesitamos un Plan Marshall!
Quiero recalcar que, caminar por las 9 parroquias de nuestro municipio no es solo presenciar las cicatrices del abandono estructural; es sentir en primera persona la extenuación de cada ciudadano que madruga a buscar agua porque no tiene garantizado este servicio tan elemental como ser humano, es la zozobra del comerciante del Centro Histórico o de nuestros mercados municipales que pierde su mercancía y los aparatos eléctricos por los apagones repetitivos, o el dolor de los cientos de abuelos que pasan horas esperando que la salud o la asistencia básica toquen a su puerta. Nos han acostumbrado a vivir en la contingencia, como si el deterioro fuera un destino inevitable y no la consecuencia directa de años de improvisación y falta de gestión.
Sin embargo, en medio de esta realidad, el mayor patrimonio de la auténtica Ciudad Bolívar sigue intacto, con su gente. En cada esquina de Angostura hay una reserva moral y humana indestructible, eso nos da un gran valor agregado. Lo veo en nuestros artesanos, que con sus manos siguen moldeando identidad a través de sus creaciones; en nuestros transportistas y motorizados, que no rinden sus unidades a pesar de las dificultades; en nuestros médicos y enfermeros, que exponen su vida con vocación; y en nuestros adultos mayores, cuya sabiduría es la memoria viva de la Guayana próspera, una región, una provincia histórica que fuimos y que volveremos a ser, ese plus hay que siempre recordar.

Como mujer y servidora de esta ciudad, me niego rotundamente a aceptar que el destino de los bolivarenses deba medirse «a cuentagotas». El futuro no se espera, se construye con visión, planificación y, sobre todo, con voluntad política de cambio, cosa que ha faltado; los resultados lo demuestran.
Esa misma lógica de opacidad y componendas impregna hoy las altas esferas del poder, donde se pretende decidir el destino de la nación a espaldas de la soberanía popular. Recientemente, el tablero político se ha sacudido con el polémico acuerdo petrolero entre la administración de Estados Unidos y el régimen de Delcy Rodríguez. Frente a esto, María Corina Machado ha sido implacable: “el patrimonio de nuestro suelo no pertenece a una cúpula ilegítima, sino al pueblo venezolano, exigiendo Estado de Derecho y transparencia absoluta”.
Detrás de este pacto asoma la sombra del Bolichico empresario Alejandro Betancourt. Mientras se paralizaban investigaciones en Florida y Suiza reclamaba su captura por lavado de dinero, Washington le abrió las puertas para cederle tajadas del sector petrolero a través de NAVEP. Hoy, este personaje detenta más poder que la propia diplomacia del régimen gracias a sus influencias directas con Trump. En paralelo, Washington busca maquillar el costo político de este acuerdo ante una diáspora reclamante, evaluando convocar a Machado a la Casa Blanca antes su retorno a Venezuela, mientras voces como la de Marco Rubio buscan administrar la transición y Donald Trump descarta comicios bajo el pretexto de que el país «está feliz sin Maduro».

Mientras llega el dinero del petróleo que han sacado y las elecciones, con un tribunal supremo, que hablaré en mi próximo artículo de opinión, necesitamos un Plan Marshall que recuperó a Europa en 1945 aproximadamente, donde dieron suministros básico a la población, como alimentos, abono a los agricultores, medicina, entre otras cosas, como la inyección de capital a las empresas, algo que se visualiza en Venezuela ante la realidad que viven los Venezolanos en común, no enchufados, que a 8 meses de la captura de Nicolás Maduro, seguimos padeciendo precariedades.
No les hablo de una ayuda humanitaria más, como de aquella de mala fama y que dejó polémica de corrupción hasta en la misma oposición, sino de un Plan Marshall a la venezolana, manejada por gente honesta de la sociedad civil organizada en organizaciones sin fines de lucro y supervisada por la administración norteamericana en sitio. La libertad y la soberanía no se negocian en despachos oscuros. ¡En el estado Bolívar, te estamos esperando María Corina para consolidar más el futuro que nos espera!, Hasta aquí dejo mis comentarios de esta semana…






Leave a Reply